domingo 24 de mayo de 2009

EL ENCUENTRO

EL ENCUENTRO...



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<---CAPITULO ANTERIOR

Así pues,... me propuse seguir a aquel desconocido para saber su

vida. Caminaba muy despacio, tanto que me costaba seguir sus pasos, a
cada poco tenía que detenerme para no sobrepasarle y cuando ya lo tenía
a una distancia prudencial,... continuaba para no perderlo. Pero llegó
un momento en que lo dejé alejarse tanto que lo perdí de vista...corrí
y corrí mirando a todas partes, de pronto la calle se llenó de gente y
todos me parecían iguales. NO PUEDO PERDERLE...¡ Estaba desesperado...
y ahora qué hago? Pero por más que lo intentaba no conseguía
encontrarlo... y me senté en un banco. Pensé en cómo es posible que
haya perdido a alguien que camina tan despacio...SOY IDIOTA ?... Pero
todo resultó inútil,... seguí caminando sin rumbo,... me dejaba llevar
y entonces LO VÍ,... sí, allí estaba, apoyado en la barandilla que
bordeaba la desembocadura del río, se había detenido como si acaso me
estuviese esperando,... esperando a este idiota que no sabe seguir a
alguien que camina despacio y cargado de bolsas...

Entonces decidí dejarme de tonterías y contactar con él,...pero
cómo...? La muchedumbre es muy huidiza y resbalosa,..Pero tenía que
hacerlo si no quería estar condenado a escribir sobre una masa informa
sino sobre alguien en concreto. Entonces se me ocurrieron un montón de
trucos tontos que suelen emplearse, como preguntarle por una calle
cualquiera y cosas así... pero eso de fingir me pone nervioso, así que
decidí entrarle por las buenas,...sin pensarlo...¡ Me acerqué a
él,...me puse a su lado y miré el mar,...

- Hola,...qué haces...? (le dije)

No tardó en responder..., y sin mirarme respondió...

- Pensaba... solo eso...

- Te gusta el mar ...?

- Mucho,...

- Por qué...?

- Me ayuda a pensar,...

- En qué piensas...?

Entonces creo que dí con su punto flaco, por que me miró y dijo:

-Tengo planes.

- Aaahhh,...¡ Se me olvidaba, me llamo Carlos y tú...?

- Mateo.

Y fue entonces cuando empezó a llover...

El hombre intentaba coger sus pesadas bolsas a toda prisa, pero
por los nervios o por la prisa, no acertaba y entonces cogí dos de
ellas y le dije...

- Corre...¡

Entramos en un bar próximo para cobijarnos de la lluvia - El
Respiro - y nos sentamos en una mesa, junto a la ventana... estaba casi
vacío. Era un bar de esos antiguos, como de otra época de los que me
gustan, y se escuchaba una música. Pedimos unas cervezas y...entonces
me dijo...

- Gracias, yo solo no hubiera podido. Siempre le entras así a la gente que te encuentras...?

Me hizo reír...y le respondí...

- Y tú...siempre vas tan cargado...?

- Hoy es un día especial...

- Por qué...? Tiene que ver con tus planes...?

- Si, ...pero ya te contaré. Y tú qué haces...?

- Escribo...

- Sobre qué escribes...?

Y señalándo la gente que pasaba por la calle le dije... Ves
aquel hombre de allí...? Escribo sobre él..., y sobre ese también... y
sobre ti.

- Sobre mí,...? Pero si acabas de conocerme...¡

- Por eso mismo...

- Mi vida daría para escribir un libro,...

- Yo no escribo libros,... me aburre, prefiero contar historias reales,... así como la tuya...Quieres...?

- No

Entonces, dejó la cerveza que tenia en sus manos, cogió sus
bolsas y se fué sin decir nada. Yo, me quedé allí sentado mirando las
burbujas de mi cerveza subiendo lentamente, la campanilla de la puerta
volvió a sonar a mi espalda y un instante después, alguien tocaba mi
hombro...

- Si tú me ayudas... te lo cuento.

Era Mateo,... había vuelto...¡ Los ojos se me abrieron como platos, y sin pensarlo, le respondí...(En
aquel momento no lo pensé, pero podía haberme pedido que secuestrase a
una monja o caminese desnudo por la avenida principal...)

- Si...

Entonces se sentó, retomó su cerveza y comenzó a hablar...


Continuará...


A mitad del camino de la vida, en una selva oscura me encontraba porque mi ruta había extraviado.

¡Cuán dura cosa es decir cuál era esta salvaje selva, áspera y fuerte que me vuelve el temor al pensamiento! Es tan amarga casi cual la muerte; mas por tratar del bien que allí encontré, de otras cosas diré que me ocurrieron.

Yo no sé repetir cómo entré en ella pues tan dormido me hallaba en el punto que abandoné la senda verdadera.

Mas cuando hube llegado al pie de un monte, allí donde aquel valle terminaba que el corazón habíame aterrado, hacia lo alto miré, y vi que su cima ya vestían los rayos del planeta que lleva recto por cualquier camino.

Entonces se calmó aquel miedo un poco, que en el lago del alma había entrado la noche que pasé con tanta angustia.

Y como quien con aliento anhelante, ya salido del piélago a la orilla, se vuelve y mira al agua peligrosa, tal mi ánimo, huyendo todavía, se volvió por mirar de nuevo el sitio que a los que viven


traspasar no deja...” (Dante)